Aquí y ahora puede ser después, sin caer en procastinamiento, sino todo lo contrario.
También puede suceder al revés, por querer apurar determinada cuestión, puede terminar anulándola.
Uno tiene dones, pero tiene que saber cuándo activarlos, cuándo desactivarlos o bien cuándo deben estar en modo stand by, estar preparado. En estado de reposo, pero a la vez en espera.
Si tenemos todo el día activado nuestro súper poder, nuestra cualidad, ésta inevitablemente se agota.
Como un motor que nunca se detiene.
Muchas veces cuando estamos escuchando mucho un ruido nos acostumbramos a él y recién nos damos cuenta de su presencia, recien cuando éste se apaga, se calla o se detiene.
Ahí un alivio suele sobre venir.
Un suspiro. Un bostezo.
Todo el tiempo nos pasa ésto como seres humanos, con el olfato, con la visión, pero por sobre todo con nuestra mente.
Si tenemos la capacidad de tener una hiperactividad cerebral, que puede leer muchísimos estímulos al mismo tiempo, una hiper conección, una hiper concentración.
Es necesario poder orientarlo en el momento justo, en un aquí y ahora determinado.
Que puede ser después. En el momento justo y preciso.
Puesta en el lugar correcto, sin dudas esta nos llevará al éxito. Mal aprovechada, desperdiciada, solo traerá caos y agotamiento.
Saber cuándo no, ser más consciente y atinado, para que la energía no se haya desperdiciado.
En el momento en que aquello que está instalado y se esconde de manera invisible, desaparece, ya nada vuelve a ser lo mismo.
Lo que antes no podíamos distinguir, ahora su ausencia se torna una necesidad.
¿Cómo es posible que no lo hayamos notado antes?
Sólo vemos, oímos y sentimos lo que podemos diferenciar, sólo la diferencia puede generar información.
Salir del modo automático, nos podría ayudar.
Diferenciar es escuchar hasta nuestro propio respirar. La fuerza que utilizamos para sostener un vaso. La forma en que pisamos en cada paso que damos.