Pero la energía siempre está allí, aunque enterrada viva, haciendo labor tu propio corazón del sonido tan fuerte que genera, pero que pareciera no escucharse.
Recuerdo arquetípico de la memoria interior,
dibujando mándalas Figonichi para colorear, algo que aprendemos desde niños, y cuya actividades nunca cesa, siempre y cuando no quieras que tu visa, sea gris.