Pero... ¿qué es recibir para dar?
Así como las neuronas hacen sinapsis,
transformando un mensaje químico en otro eléctrico, nosotros también debemos transformar lo que recibimos
en lo que damos.
Como al respirar:
inhalamos oxígeno
y exhalamos dióxido de carbono.
De esa misma forma colaboramos
con lo mismo que tomamos.
Intercambiamos.
Primero escuchar,
antes de hablar.
Saber esperar.
Respetar el silencio
y no incomodarse con él.
Es saber aceptar,
y saber agradecerlo.
Es pedir permiso,
y pedir perdón.
Para cada uno, según su necesidad.
Según su modalidad, su ética y su estética.
Dietética.
Primero inhalar,
y solo después exhalar.
Es escucharse a uno mismo,
el tambor personal,
para poder bailar al ritmo del compás.
Hasta encontrar la armonía entre el yo y el mundo.
Para cantar sin desafinar,
tengo que confiar.
Antes de actuar,
aprender a soltar,
y a relajar.
Podremos dejar un ratito allí
los pesares —que pesan bastante,
por cierto. Un descansito,
un shabat, no como pausa
sino como reinicio consciente.
Para volver a empezar.
Para alcanzar esta vez
un puntito más de profundidad,
y llegar a conectar
con la deidad.
Tomar lo necesario
es fundamental.
Porque aquí estás dando,
automáticamente,
en la misma medida
en que estás recibiendo.
Un intercambio casi imposible de emular
en el mundo material.
Porque hablan distintos idiomas,
manejan distintas concepciones,
cada una con sus razones.
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