Para ser consciente
y no inconsciente…
hay que hacer consciente
lo inconsciente.
Y ver…
qué se siente.
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Hay que cambiar de chofer,
de conductor…
por medio de uno mismo
como interlocutor.
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No para acallar…
sino para sintonizar…
y disminuir el ruido.
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De ese animal enjaulado,
muchas veces
no domesticado.
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No masticado…
con los dientes neuronales.
Que la explosión se dé ahí…
en el potencial de acción,
donde el mensaje químico
se vuelve eléctrico…
y ¡pam!
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¿No podés…
o no querés?
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Mucho gusto…
soy usted mismo.
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Este es el interruptor:
encendido y apagado…
dimerizable.
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Con cada segundo
la energía exterior
cargando el propio generador…
solar.
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Autosustentable.
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Para que el agua
salga calentita.
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Sin deseo
no hay motivación,
no hay motor,
no hay movimiento,
no hay energía,
no hay calor.
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El deseo de saber
que estás
donde tenés que estar.
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Gravedad cero…
flotar…
fluir…
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sostenidamente.
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Sólido.
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Cuando lo aceptás…
evolucionás.
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Relajás…
y planeás en el aire
tu próximo destino:
el futuro.
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Pero vos podés…
si vos querés poder.
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Si no te autodetenés.
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A tu ritmo,
a tu compás…
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lo fabricás.
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Es artesanal.
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Lo activás…
y lo cuidás.
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Para que la llama
se mantenga encendida…
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en piloto.
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Lista
para despegar.