Si se rompe, se rompe.
Hay alguien frente a un problema
que no estaba en el plan.
La máquina se queda en silencio,
y el día empieza a pesar.
Piensa en cuentas, en tiempos,
en todo lo que puede fallar.
Pero algo adentro le susurra
que pare un segundo a respirar.
Porque pelear con el destino
nunca cambió la verdad.
Si se rompe, se rompe.
Lo que tiene que ser, será.
A veces la vida empuja
para aprender a soltar.
Si se rompe, se rompe.
Nada se termina acá.
Siempre aparece otro camino
cuando uno se anima a mirar.
Entonces se va al rincón
donde la mente puede pensar.
Ese lugarcito simple
donde todo vuelve a encajar.
Tal vez no era el final del camino,
tal vez era una señal.
De abrir otra puerta en la vida,
de aprender a diversificar.
Si se rompe, se rompe.
Lo que tiene que ser, será.
A veces la vida empuja
para aprender a soltar.
Si se rompe, se rompe.
Nada se termina acá.
Siempre aparece otro camino
cuando uno se anima a mirar.
Y entiende algo sencillo
que nadie le vino a explicar:
que los problemas también
son mensajes como flechas al alma
que invitan a despertar.
Si se rompe, se rompe.
Lo que tiene que ser, será.
La calma siempre revela
lo que el miedo no deja mirar.
Si se rompe, se rompe.
Y el mundo sigue igual.
Porque el que sigue creando
siempre vuelve a empezar.