7/4/26

Celda iluminada

Delirios de pobreza,
signado por la carencia,
desde chico comenzó
a percibir la diferencia.

Un mundo de caos y violencia
que parecía natural,
hijo del abuso,
del rechazo y la desesperanza emocional.

Un niño rebelde que un día
perdió la confianza,
dejó de intentar…
y en ese momento
se empezó a transformar.

La riqueza se le volvió insoportable,
quería llenar con materia
su miseria inrellenable.

Se inventó un personaje
que vestía de traje,
fuerte, estable y tranquilo…

Relacionarse y seducir
se le volvió una obligación,
le marcaban el camino
y la dirección.

Lo guiaba su instinto,
su animal a cualquier lugar,
buscaba saciarse
para poder llenarse…

Quería todo
y lo quería ya,
no había tiempo de esperar.
Se mudó a Recoleta,
a una vida coqueta,
donde preparó su marioneta.

Subjetividad falsificada,
sola y malinterpretada,
se estafaba a sí mismo
y a los demás
con una cáscara,
con un disfraz.
Y si bien a veces
las sustancias calmaban sus implicancias,
algo de culpa y consciencia
mostraban una luz
a la distancia.

Allí tampoco eran sus amigos,
no era su lugar.
Hasta que una sobredosis lo tumbó,
y en un trance…
Se vio desde arriba,
como en un Nirvana,
mientras un ángel a él acudía.
Mientras la muerte y la vida
de un hilo pendían,
allí entre tantos elefantes
que la tela aún sostenía.

El destino algo seguramente
pretendía…
porque supo otorgarle
un nuevo día.

Y otra vez se escapó…
sus alas desplegó,
se escapó de su casa
y de su destino,
buscando un nuevo cielo,
doblar su camino.

Paseaba perros para pagar sus cuentas,
cada vínculo lo sostenía,
su mascota era su vida…
pero nunca nada era suficiente,
cuando la pobreza
lo mira desde enfrente.

No era él quien conquistaba,
sino quien aparentaba
lo que creía que el otro esperaba…
lo que él mismo se inventaba.
Su inteligencia
no conocía otra forma de vivir,
y pasó dieciséis años
en piloto automático…
siempre en tono dramático.
Intentó cambiar
y se volvió un dador en exceso,
frente a un receptor en retroceso,
se vació…
y se quebró.

Hoy su sombra
lo sigue corriendo,
aunque vaya más rápido
que el viento…

¿Por qué corres?
¿De quién te escondes?
Cuando mirás al espejo…
y no te reconoces.

Nunca una respuesta recibió,
solo culpa y tormento consiguió…
hasta que, por la ruta
y bajo el sol,
varado quedó.
Y con el rabo entre las patas volvió.

Pero ese personaje…
algo aprendió:
el sufrimiento ahora
sería su cimiento.

No todo lo que ves es pobreza,
no todo es carencia,
no todas tus emociones
se pueden etiquetar igual
por el fantasma sensorial.

Lo que te hace mal
no es pobreza material,
no es Cabildo,
no es la gente,
no es la ciudad.

No es que te miren mal
por una condición inventada,
es que no te hallás
dentro de una celda iluminada.

Vos mismo te proyectás
en el campo, con los perros, adiestrando.

El pánico que a veces sentís
no es más que una alarma
que se escucha a la distancia…
Algo te está llamando,
no para asustar,
sino para dejar de escapar.
Yendo capa tras capa,
etapa por etapa,
lo reciente dolía…
pero no era más que un patrón
que una y otra vez se repetía.
Escapar no es solo irse
de aquello que a uno lo esclaviza,
es dejar de huir
cuando el acecho deja de existir.

Es encontrar el propio lugar,
es echar raíz y ordenar,
es estabilizar y confiar
para poder sanar.

Es mirar la vida de pie,
frente a frente.

Hoy se prioriza y estudia,
hoy lucha y entrena,
hoy contempla y revela.

Hoy aprende que de nada sirve tomar por tomar,
que con hambre no se puede pensar,
y un vacío
no se puede con objetos rellenar.

Hoy aprende a sostener sin forzar,
hoy se busca calmar.
Ya no corre para huir,
busca caminar…
y sacarse en bici a pasear,
aunque tenga que trabajar
y pedidos entregar.

Porque no es principio ni final,
es un proceso…
que algún día lo va a liberar.
Que está aprendiendo,
con conciencia,
a transitar.

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