Subir nuestra propia montaña y pararnos en la cima, apuntando siempre más arriba, ser faro para alumbrar lo que va a nacer, lo que se tiene que hacer, a dónde hay que apuntar la flecha sideral.
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A veces es necesario irse de uno para uno. Para volver a uno y a lo uno.
Observar el mapa completo.
Atesorar y contemplar todo con la mayor claridad posible.
Las corrientes obedecen a un sistema que te arrastra y que te lleva a donde todos creen que van, con cierta seguridad.
Cada uno se viene y se va.
Cada uno recibe, lo que dá.
Recibís el fruto que sembrás.
Que trabajás.
La única posesión, es la que entregás y no la que relegas, la que relevas, la revelas, no la regalas.
En un sistema que si no fluye, se obstruye.
Cuyo propósito celestial, es reestructural.