Cartas para quien no puede leer ni escuchar pero que se necesitan expresar, en medio de mudanzas, de tempestad.
Una madre que asfixia y del padre ni noticias.
Generando en los cuerpos la Dependencia, prima hermana de la Abstinencia.
No todo se anestesia con Blanca flor, la marca de harinas que consumía por predilección.
Aquello prohibido, compartido, por complicidad, para que no quedarse solo con la consciencia, por descuido o negligencia, de aquellos que no familiarizan con la sapiencia
La fina línea entre la inocencia y la ignorancia, que confunden la baja autoestima con humildad.
Como el el sapo que por ayudar un escorpión a cruzar del otro lado del Río, es picado por su aguijón y terminan los dos ahogados.
Corriendo el velo de la inconciencia,
De las conductas que nos dañan,
Del autoboicot, duro como robot.
La naturaleza del depredador, no va cambiar por mi nobleza de hoy, esta mañana volvió sonar el despertador, pero no lo escuché.
No desperté hasta chocar con la pared, que me hizo ver las estrellas, que me dejó estrellado.
Blanca flor… Mi amor.
no todo se puede tapar.
El cuerpo pide solo
cuando no querés mirar.
Blanca flor…
algo puede cambiar…
cuando corrés el velo
y te animás a despertar.
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El despertador sonó…
pero no lo escuché.
La alarma gritó y yo la aplacé.
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Ese día no Desperté…
Por momentos siendo una estrella, por otro momento viendo pajaritos y estrellado.
Cuesta salir, Tusam
Pero la magia te puede ayudar
Lo logrará? Eso se verá, despues que doble la cuchara




