23/12/24

Las luces de Janucá, disipando la oscuridad.

 
Una poesía de nochecita 
Inspirada en una charla con una amiga que atraviesa, lo que todos un poco atravezamos y que en algún momento, toca.

 Porque todos estamos conectados.

 A veces las vida nos tira tsunamis, volcanes y fieras salvajes para movernos del lugar que estamos anclandos, haciéndonos despertar, invitándolo a pensar, a replantear.

  Es importante que podamos aprender algo de todo esto que nos sucede, de que hagamos algún tipo de cambio, de click. 

 Frenar un minuto y encontrarnos con, alllí, en medio de todo, en medio de la nada. Salir del piloto automático.

 Pero... ¿Cómo homenajear la vida,
cómo celebrar , cómo conectar en equilibrio y cómo respirar y suspirar en medio de la tempestad.
 
¿Cómo no arrastrar a quien me acompaña por mis emociones, por mis frustraciones?.

Ayuda descargarse y bostezar.
 Largarlo todo, vaciarse antes del portón cruzar.
Y dejar sola a la neshama, al alma, pura sin prejuicios. Sin tantos reclamos.
 
Pero..
¿Cómo tendré que hacer mis oraciones? ¿Tengo que pedir?
¿Tengo, qué agradecer?
¿Tengo que apoyarme?

Todas las respuestas me llevan al sí, me vuelven en sí.
Me hacen meditar, un momento para pensar y con el deseo habitar, en paz.

 La claves es saber pedir; cuando no sabes lo que que queres.
Así de complejo y sencillo es.

Primero aléjate del mal.
Luego hace el bien, hacete bien.

Si recibís para dar, siempre va a sobrar. Para volver, volver y volver a recircular.

Para Renacer, una vez más, pero esta vez un poquito más grandes, más iluminados.

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