El terrorismo de los pensamientos intrusivos que te secuestran del presente, que invaden tu cuerpo —que es tu hogar—. Disfrazados de inseguridad, cargados de emoción,
enfundados de ansiedad,
atentan contra la concentración de lo que esta sucediendo hoy.
Una distracción en el momento justo
en que tenés que dar tu función.
Tu atención allí se divide…
Y así es como se pierde un reinado.
El tuyo.
Como una puerta hacia el pecado
que aguarda para castigarte,
un deseo que parece venir hacia vos
hasta destruirte.
Pero…
¿qué pasa con tu propio deseo?
¿Hacia dónde quiere dirigirse tu voluntad cuando tus pensamientos justifican tus instintos
y tus emociones?
Entonces hay una lucha entre deseos,
para ver quién conquista a quién.
Para ver si lográs vivir, si lográs brillar,
si te lográs liberar del terror de un tirano que te quiere capturar.
Una voz interna que juzga,
que dice lo que está bien y lo que está mal. Una voz que exige, compara y culpa desde adentro, como si fuera la verdad absoluta.
Una voz que mete miedo,
que te hace creer que nada alcanza,
que no sos suficiente.
Que te persigue. que castiga ante el minimo error.
Que se vende como la realidad,
que determina tu realeza,
que te hace dudar y te frena, paralizando la sangre en tus venas.
No se puede desactivar del todo de la severidad, pero sí ponerla en su lugar,
bajarle el volumen. Mandarla a pasear.
Que deje de manejar. Que no te lleve a cualquier destino que no sea el tuyo.
El cuerpo vuelve al eje cuando distinguís eso. Y ahí la energía se redirige: hacia un río que no contamina,
sino que da vida.
Vos otorgás vida al mundo…
o lo contrario.
Esta vez lo voy a superar, esta vez, le voy a ganar. No me voy a dejar atrapar.
Es hora de despertar, es hora de liberarse de la esclavitud.
y no volver a caer en la misma trampa una vez más...