En dónde hay un vacío,
Hay una pregunta sin respuesta.
Que busca sabiduría y comprensión.
Entre telas y ruidos,
abrazado al olvido,
después de fracturar la inocencia.
Con un pie dentro del mundo
y otro en algo escondido que buscaba llamar la atención.
Por caminos torcidos,
en madrugadas perdidas,
con el pecho comprimido.
La vida muestra sombras,
heridas sin explicación,
Actuaciones como representantes
De sentimientos sin valuartes.
Hasta que alguien viene y pone la palabra justa, da en el blanco con su interpretación, que funcionan como un abracadabras en la narrativa,
ahí, donde bombea el corazón.
Flechas al alma, flechas al alma,
que rompen la coraza que atrapan y patinan.
Versos al alma, palabras que calman, que encaminan el destino
despiertos y vespertinos.
Flechas que sanan la herida,
que cicatrizan enseñanzas y enderezan como las plantas su tutor que marca el camino.
Cuando el mundo se pierde
y nadie sabe qué hacer:
Dejen al corazón salir al patio
un ratito… a volver a ser.
A resolver jugando,
a recuperar la inocencia,
la confianza,
y dejar atrás la desesperanza.
La selva también habló
entre raíces y estrellas.
Y el silencio de la tierra
mostró su propia huella.
Tanto buscar afuera
para entender después
que no eran verbos
ni banderas, ni promesas celestiales.
Sino más bien peceras oceánicas,
orgánicas, de una profundidad
que nadie llega a conocer.
Allí, donde el humano no puede entrar,
pero el alma puede nadar
y respirar....